viernes, 19 de abril de 2019
La Segunda Guerra Mundial
La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) fue uno de los acontecimientos fundamentales de la historia contemporánea tanto por sus consecuencias como por su alcance universal. Las «potencias del Eje» (los regímenes fascistas de Alemania e Italia, a los que se unió el militarista Imperio japonés) se enfrentaron en un principio a los países democráticos «aliados» (Francia e Inglaterra), a los que se sumaron tras la neutralidad inicial los Estados Unidos y, pese a las divergencias ideológicas, la Unión Soviética; sin embargo, esta lista de los principales contendientes omite multitud de países que acabarían incorporándose a uno u otra bando.
La Segunda Guerra Mundial, en efecto, fue una nueva «guerra total» (como lo había sido la «Gran Guerra» o Primera Guerra Mundial, 1914-1918), desarrollada en vastos ámbitos de la geografía del planeta (toda Europa, el norte de África, Asia Oriental, el océano Pacífico) y en la que gobiernos y estados mayores movilizaron todos los recursos disponibles, pudiendo apenas ser eludida por la población civil, víctima directa de los más masivos bombardeos vistos hasta entonces.
En el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial suelen distinguirse tres fases: la «guerra relámpago» (desde 1939 hasta mayo de 1941), la «guerra total» (1941-1943) y la derrota del Eje (desde julio de 1943 hasta 1945). En el transcurso de la «guerra relámpago», así llamada por la nueva y eficaz estrategia ofensiva empleada por las tropas alemanas, la Alemania de Hitler se hizo con el control de toda Europa, incluida Francia; sólo Inglaterra resistió el embate germánico.
Causas de la Segunda Guerra Mundial
A pesar de las controversias, los historiadores coinciden en señalar diversos factores de especial relieve: la pervivencia de los conflictos no resueltos por la Primera Guerra Mundial, las graves dificultades económicas en la inmediata posguerra y tras el «crack» de 1929 y la crisis y debilitamiento del sistema liberal; todo ello contribuyó al desarrollo de nuevas corrientes totalitarias y a la instauración de regímenes fascistas en Italia y Alemania, cuya agresiva política expansionista sería el detonante de la guerra. Ya en su mera enunciación se advierte que tales causas se encuentran fuertemente imbricadas: unos sucesos llevan a otros, hasta el punto de que la enumeración de causas acaba convirtiéndose en un relato que viene a presentar la Segunda Guerra Mundial como una reedición de la «Gran Guerra».
Ciertamente, la Primera Guerra Mundial (1914-1918) no apaciguó las aspiraciones nacionalistas ni los antagonismos económicos y coloniales que la habían ocasionado. Todo lo contrario: la forma en que fue fraguada la paz, con condiciones abusivas impuestas unilateralmente por los vencedores a los vencidos en el Tratado de Versalles (1919), no hizo sino incrementar las tensiones. Alemania, que había sido declarada culpable de la guerra, perdió sus posesiones coloniales y parte de su territorio continental, siendo además obligada a desmilitarizarse y a abonar desorbitadas reparaciones a los vencedores. Italia, pese a formar parte de la alianza vencedora, no vio compensados sus sacrificios y su esfuerzo bélico con la satisfacción de sus demandas territoriales.


La Revolución Rusa de marzo 1917, iniciada con la Revolución de Febrero, no puede entenderse sin una serie de causas que la dinamitaron. La situación internacional, sumida en la Primera Guerra Mundial, ayudó a encender la mecha de una protesta social a gran escala. Las reformas realizadas por los zares no sirvieron para aplacar los problemas que sufría Rusia, sino que empeoraron la situación hasta sumir el país en una guerra civil.
El zarismo estaba en una situación muy delicada a principios del siglo XX. Entre 1901 y 1903, Rusia se vio afectada por una profunda crisis económica, caracterizada sobre todo por una injusta distribución de la riqueza y la dependencia del capital extranjero. La guerra ruso-japonesa (1904 – 1905) fue completamente criticada por la población y la derrota no hizo más que perjudicar la imagen de la casa de los zares, quienes habían recurrido a tributos y levas de tropas para hacer frente a ese conflicto.La revolución de 1905 fue también una de las claves que acabarían por desatar la “gran revolución”. Fue un movimiento espontáneo de masas populares que tuvieron parcialmente el apoyo del ejército (sublevación de los marineros del acorazado Potemkin). Se empezaron a crear los soviets (consejos) de obreros y soldados en las principales ciudades del Imperio Ruso.Esto fomentó la articulación de una fuerza de oposición popular contra el zarismo. Dentro de los círculos monárquicos se empezó a ver como un problema, por lo que aprobaron el “Manifiesto de Octubre”, por el cual se concedían libertades civiles, se establecía una ley electoral ampliada y se formaba una “Duma” (parlamento) con poderes legislativos.
El zarismo estaba en una situación muy delicada a principios del siglo XX. Entre 1901 y 1903, Rusia se vio afectada por una profunda crisis económica, caracterizada sobre todo por una injusta distribución de la riqueza y la dependencia del capital extranjero. La guerra ruso-japonesa (1904 – 1905) fue completamente criticada por la población y la derrota no hizo más que perjudicar la imagen de la casa de los zares, quienes habían recurrido a tributos y levas de tropas para hacer frente a ese conflicto
Leer mas..


Se presentan las diferentes regiones de Argentina tomando en cuenta cada una de sus características y peculiaridades que la señalan y por una forma la hacen cada una de ellas diferentes de acuerdo a su clima y toda su productividad.
El jefe de brigada de los bomberos, Jean-Claude Gallet, sostuvo que la estructura principal de la catedral "se ha salvado y conservado". El presidente Emmanuel Macron aseguró que "lo peor ya ha pasado", y avisó: "La vamos a reconstruir todos juntos porque es lo que amerita nuestra historia"
Un fuerte incendio consumió en la noche del lunes a la catedral de Notre Dame de París, uno de los monumentos más emblemáticos de la capital francesa, que cada año es visitado por unas 13 millones de personas. El siniestro se produjo en la estructura que sostiene el techo del templo, donde se estaban realizando trabajos de restauración.
Había 2000 personas -entre trabajadores y turistas- dentro de la catedral cuando se desató el incendio. Pero por el momento, no se reportaron muertos ni heridos.
Un fuerte incendio consumió en la noche del lunes a la catedral de Notre Dame de París, uno de los monumentos más emblemáticos de la capital francesa, que cada año es visitado por unas 13 millones de personas. El siniestro se produjo en la estructura que sostiene el techo del templo, donde se estaban realizando trabajos de restauración.
Había 2000 personas -entre trabajadores y turistas- dentro de la catedral cuando se desató el incendio. Pero por el momento, no se reportaron muertos ni heridos.


No hay comentarios:
Publicar un comentario